Otra forma de ver el botellón

¿Crees que haces un consumo intensivo de alcohol? ¿Eres consciente pero no le das importancia?

Darle la vuelta a las posibles razones o justificaciones que das al consumo de alcohol pueden ayudarte a verlo desde otro punto de vista:

  • Todos beben, es “normal”: beber grandes cantidades de alcohol en poco tiempo no es “normal”. En realidad, ni todas las personas beben alcohol ni lo hacen de manera intensiva. Cada uno es libre de tomar sus propias decisiones y salir fiesta o divertirse no debería depender de beber o no alcohol. Que sea lo habitual no significa que sea necesario ni bueno.
  • Bebo lo mismo que el resto: resguardarse en el “todos lo hacen” no demuestra madurez ni personalidad. Párate a pensar en cuánto bebe el resto, si bebes tanto como los que acaban vomitando o teniendo resaca, o lo mismo que los que se meten en peleas o han tenido accidentes de tráfico. Deberías plantearte qué consumo quieres hacer tú.
  • Si quiero beber, no le importa a nadie: el consumo de alcohol daña el organismo y el cerebro, eso debería importarte a ti y a cada persona que beba. Suena ridículo pensar que podría darte igual tener problemas de memoria o alguna enfermedad grave por beber. Además, la gente que te rodea puede sufrir las consecuencias de tu consumo (peleas, accidentes, discusiones…) e incluso pueden llegar a rechazarte si llegas a ser un punto continuo de conflicto.
  • A mí no me afecta: está comprobado que beber alcohol tiene consecuencias en nuestra salud física y mental. Si puedes sentir los efectos del alcohol en tu cuerpo con los mareos o las resacas, no es difícil imaginarse que también tiene otras consecuencias que no se ven a simple vista.
  • Sólo bebo cuando salgo de fiesta: consumir alcohol puede hacernos experimentar sensaciones diferentes, pero nosotros no las manejamos. En el consumo de alcohol no hay que tener en cuenta cuándo bebo, sino cuánto bebo. Párate a reflexionar: ¿si salieses todos los días de fiesta te emborracharías a diario?
  • Solo bebo hasta tener un “puntito”: ni mayores ni jóvenes pueden controlar ni predecir cómo les va a sentar el alcohol. Nadie bebe con la intención de hacer el ridículo o meterse en problemas, pero en el momento en que bebes pierdes el control de ti mismo. Si ese “puntito” puede tener consecuencias en tu comportamiento y salud, ¿merece la pena? Piensa en si realmente eres capaz de divertirte bebiendo menos o sin beber alcohol y cuál es la diferencia que te aporta, más allá de que sea lo “normal”.
  • Yo controlo: muchas personas piensan que no tienen problemas con el alcohol, pero sin embargo beben por costumbre y sólo paran cuando ya han bebido demasiado. Además, una vez has bebido, el alcohol “te transforma” haciéndote creer que eres invencible y puedes asumir riesgos que de otra forma no harías. Plantéate si serías capaz de beber sólo una copa y luego parar, si podrías estar un mes entero sin beber o si alguna vez has cogido el coche después de beber o te has subido con alguien borracho.

Si eres joven y acostumbras a beber alcohol de fiesta, en las campañas del ministerio podrás encontrar más información que puede interesarte:

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