Qué debo saber si soy padre o madre de un adolescente

Las referencias familiares y externas (colegio, amigos, películas…) son fundamentales en la actitud y opinión de los jóvenes frente al alcohol.

Chica con cara de enfado y familia de fondo

Los menores de 18 años no deberían consumir alcohol ya que su organismo y personalidad no están totalmente desarrollados. El alcohol es un tóxico que tiene consecuencias más graves en los menores de edad. Además, su consumo puede ser la puerta de entrada al consumo de otras drogas. Cuanto antes sean conscientes de las consecuencias de este consumo y conozcan las pautas para realizar un consumo de bajo riesgo, será mucho mejor.

Como padres, podemos ayudar a disminuir los factores de riesgo con nuestro ejemplo, hablando abiertamente sobre el tema y prestando atención a los hábitos de nuestros hijos y su relación con el alcohol.

Dos chicas tumbadas sobre una cama hablando felices

Habla con ellos

El consumo de alcohol no puede ser un tema tabú en casa. Como padres, tenemos más influencia de la que creemos sobre las opiniones y comportamientos de nuestros hijos.

Cómo tratar el tema

Hablar sobre el alcohol no consiste en prohibir o reñir, significa ser honestos e informar sobre las consecuencias y efectos de éste.

Durante la infancia, se aprende a identificar el alcohol con el mundo adulto, bien por el ejemplo de los padres y madres, o bien por la influencia de otros modelos sociales a través del cine, la televisión, etc. La adolescencia es una etapa crítica para el inicio del consumo de sustancias adictivas. Son sustancias que pueden marcar el acceso al mundo adulto. La imitación y el deseo de ser como los demás tienen un peso muy importante en el inicio del consumo de alcohol.

La construcción del hábito de consumo de alcohol, que en la mayoría de los casos comienza por inercia, sin una reflexión previa, dentro de un entorno que lo favorece, se verá potenciada en la medida que el adolescente aprenda que el alcohol le sirve, al menos a corto plazo, para evitar situaciones negativas (por ejemplo vencer la timidez o calmar los nervios), o para obtener o intensificar sensaciones positivas (pasarlo bien, desinhibirse, sentirse a gusto con su grupo, tener sensación de euforia, etc.). Si no se desarrollan otras capacidades alternativas para conseguir esos resultados que se esperan del alcohol, su consumo se verá favorecido.

Cuanto más sepan sobre el tema, más confiados estarán y más fácil será para ellos decir “no” ante la presión del grupo.

Datos importantes que deben saber

Es muy difícil influir sobre el consumo de alcohol de nuestros hijos hablándoles sólo de las consecuencias que les puede producir a largo plazo. Sin embargo, transmitirles los problemas que les puede producir a corto plazo puede ser más eficaz para concienciarles de los riesgos que asumen. Entre las consecuencias del alcohol a corto plazo se encuentran:

  • Aumenta su vulnerabilidad: afecta a su juicio, con lo que es posible que asuman más riesgos como meterse en peleas, ir en coche con personas que hayan bebido o volver a casa caminando borrachos solos.
  • Afecta a su aspecto físico: consecuencias en la piel y el cuerpo, a raíz por la deshidratación y las calorías extras ingeridas.
  • Hay más posibilidades de tener relaciones sexuales de riesgo: falta de precauciones, relaciones no consentidas.
  • Reacción inmediata al alcohol: caídas, quedarse dormido en un lugar frío, arritmias, coma etílico, vómitos o absentismo escolar.
  • Aspectos mentales: fallos de memoria, disminución del rendimiento académico o problemas de atención.

    Dentro de los problemas a largo plazo que se pueden producir, están las enfermedades y daños en determinados órganos, la influencia en el desarrollo cerebral y en la personalidad (no saber divertirse sin alcohol o dejar de lado sus intereses y actividades) o la posibilidad de desarrollar una dependencia al alcohol.

    Debemos tener en cuenta que lo que identifica y diferencia el consumo de alcohol por parte de los adolescentes son los modos y actitudes seguidas en ese consumo, en la medida en que responden a impulsos, actitudes y necesidades muy relacionadas con su personalidad. Entre ellas destaca:

  • La grupalidad: los jóvenes buscan su identidad y construyen su personalidad entre sus iguales. No hay que olvidar que el grupo es el marco en el que se produce un mayor consumo.
  • La simetría: la cantidad de alcohol consumida por un adolescente parece depender de la cantidad que ingieran los compañeros.
  • La experimentación: el grupo ofrece la suficiente seguridad que, unida a la atracción por el riesgo propia de esa edad, contribuye directamente a la intensidad de la ingesta.

Cómo saber si es el momento

Lo mejor es empezar este diálogo lo antes posible, aunque consideremos que aún no estén en edad de probar el alcohol. Cuanto más tarde se hable sobre el tema, menos posibilidades tendremos de que recurran a nosotros como fuente de información y consejos; además, no sabemos cuándo empezarán ellos o sus amigos a hablar del tema o a beber. De cualquier forma, nunca es demasiado tarde.

Es fundamental que no se trate de una charla de un día, sino de un diálogo abierto y permanente en el tiempo, adecuándolo a las dudas y evolución personal de nuestros hijos.

¿Estás dándoles un buen ejemplo?

Como en cualquier otro aspecto de la vida, nuestro ejemplo en el consumo de alcohol prevalecerá sobre las conversaciones que podamos tener al respecto. Nuestros hijos se fijan en nuestro comportamiento y eso les ayuda a establecer pautas.

Madre e hija en una comida, donde la madre sujeta una copa de vino.

Si nosotros realizamos un consumo de riesgo de nada servirá el consejo que podamos darles. Esto no quiere decir que les ocultemos nuestro consumo sino que seamos consecuentes.

Para ello, lo primero es saber si nuestro consumo realmente es de bajo riesgo (¿Tengo que preocuparme?).