Falsos Mitos

El tabaco de liar es más natural, menos perjudicial; se fuma menos y es más fácil dejarlo.

Todo esto es falso. Aunque lo líes tú, contiene la misma o mayor cantidad de sustancias tóxicas que los cigarrillos tradicionales. Algunos estudios han encontrado mayores niveles de monóxido de carbono espirado en los fumadores de tabaco de liar, esto posiblemente está relacionado con la frecuencia e intensidad de las caladas. Por ello, aunque el número de cigarrillos al día pueda cambiar, no parece haber diferencias importantes en los patrones de consumo y adicción respecto a los cigarrillos convencionales. Además, si bien los fumadores de tabaco de liar tienen la percepción de que podrían dejar de fumar fácilmente, se ha observado menor intención de abandono y número de intentos en este grupo que en los fumadores de cigarrillos convencionales.

El Estado también se enriquece con los impuestos.

El tabaco está sujeto a impuestos especiales que son un porcentaje importante de su precio. Esto es recaudado por Hacienda y luego se utiliza por los distintos ministerios. Pero, en cualquier caso, lo recaudado no es suficiente para cubrir todos los costes directos del tabaco (atención sanitaria de las enfermedades atribuibles al tabaquismo), sin contar además con los gastos indirectos (laborables, limpieza, incendios, etc.) que asume en parte también el sector privado.

¿Si es tan malo por qué no se prohíbe?

Aunque no lo parezca, esta puede ser una pregunta maliciosa y ha sido utilizada en muchas ocasiones para evitar las políticas de regulación contra el tabaquismo. Con toda la información que tenemos ahora, no se podría introducir en el mercado un producto nuevo con estas características. Sin embargo, dada la situación actual y, tras años de investigación en políticas de prevención, se ha concluido que el consumo no desaparecería aunque se prohibiera. Además, se favorecerían las actividades ilícitas y es poco probable que sea un planteamiento posible y realista a corto plazo en la mayoría de los países.

Más daño produce la contaminación.

La contaminación ambiental ha demostrado ser un riesgo de gran importancia para la salud de la población. Sin embargo, dicho riesgo no es tan elevado como en el caso del tabaco, no olvidemos que es la primera causa de muerte evitable; por ejemplo, un fumador tiene 20 veces más probabilidades de desarrollar cáncer que un no fumador.

El tabaco es sólo un hábito, no es una droga.

El tabaco cumple todas las características de droga, ya que provoca adicción física y psicológica, y su retirada produce síndrome de abstinencia.

Fumar me relaja.

Fumar no relaja, estresa: la nicotina es un estimulante. La falta de nicotina genera ansiedad a los fumadores, que sólo se calma momentáneamente cuando fumas. Al dejar de fumar, eliminarás esa ansiedad, tu vida será equilibrada y no tendrás que depender de las pausas para fumar; serás más libre.

Fumar me ayuda a controlar el peso.

Fumar es una adicción que implica un enorme riesgo para la salud, por lo tanto, es todo lo contrario de ayudar o controlar nada. Lo que sí ayuda a controlar el peso, y sentirnos mejor, es una alimentación saludable y la actividad física regular. Puede que si dejas de fumar, al principio tengas más apetito y ganes algún kilo, para evitarlo te servirán una dieta equilibrada, elegir opciones saludables (frutas, vegetales y alimentos bajos en calorías) y aumentar tu actividad física regular. Incluso si aumentas un poco (3 o 4 kg), intenta no preocuparte, ya los perderás, dejando de fumar haces lo mejor por tu salud, tu aspecto y calidad de vida.

De algo hay que morir.

Todos moriremos algún día, pero fumar no sólo reduce los años de vida, provocando la muerte de hasta la mitad de sus consumidores, también empeora en gran medida su calidad de vida, asociándose a numerosas enfermedades y discapacidad. ¡No solo se trata de dar más años a la vida sino también de dar más vida a los años!

Fumo porque quiero, porque me gusta.

Muchos fumadores coinciden en que el proceso de empezar a fumar no consiste en una decisión en sí misma, sino en una serie de circunstancias.

También es habitual el recuerdo desagradable de las primeras experiencias con el tabaco. La sensación placentera se relaciona directamente con la adicción y los efectos de la nicotina a nivel cerebral. Muchos fumadores afirman que la mayoría de los cigarrillos que fuman al día ya no producen esa sensación. Por lo que, tras dejar de fumar y pasar el periodo de abstinencia, desaparecerá la dependencia y existen muchos placeres de la vida esperándote.

Yo no tengo fuerza de voluntad para dejarlo.

En realidad, la fuerza de voluntad no es algo que se tiene o no se tiene, como el pelo o un determinado color de ojos. Seguro que recuerdas esa vez que te esforzaste mucho para conseguir algo. La fuerza de voluntad se puede trabajar si existe motivación para dejar de fumar. Además, es cierto que la decisión de dejar de fumar la debes tomar tú, pero una vez decidido el éxito no sólo depende de tu voluntad, hay herramientas y personas que te pueden ayudar.

Yo fumo poco, no dependo del tabaco, puedo dejarlo cuando quiera.

No existe ningún nivel de seguridad respecto al consumo de tabaco, cualquier cantidad puede ser nociva. El tabaco necesita tiempo para hacer daño, pero el hecho de que no notes nada no significa que no te ponga en riesgo. Puede que hayas notado algún síntoma como dolor de cabeza, la sequedad de la boca, el ahogo al subir las escaleras, la tos por las mañanas, el mal aliento, los dientes amarillos, esos catarros que te duran tanto tiempo ... De manera similar ocurre con la dependencia, aparte de la percepción que tenga el fumador, el tabaco le afecta y genera dependencia física y psicológica. Si puedes dejarlo cuando quieras, no lo dudes, el mejor momento es ahora. ¡Los beneficios comienzan en cuanto lo dejas!

Ya lo he intentado otras veces.

Si lo has intentado otras veces, debes saber que tienes más posibilidades de lograr el éxito en esta ocasión. Hay fumadores que necesitan más de un intento para consolidar la conducta de no fumar. Es útil analizar las causas que provocaron que volvieras a fumar. Si te fumaste un cigarrillo en una fiesta pensando que por uno no pasa nada (exceso de autoconfianza) o creías que podías controlarlo y fumar cuanto quisieras (falsa sensación de autocontrol) o si fue porque tuviste un disgusto y acabaste fumando (relación con emociones negativas). Ahora sabes más que en los intentos anteriores. Sabes que es mejor no tener tabaco cerca. Sabes que no te interesa fumar alguna calada, porque te puede producir muchas más ganas de fumar. Sabes que tampoco fumar soluciona los problemas o dificultades que aparezcan en un determinado momento, sabes que no es un consumo controlable. Sabes que, aunque la nicotina engancha, dejar de fumar es posible, que tú eres capaz de hacerlo y que la decisión depende de ti. ¡Ahora será mucho más fácil!

Ya es tarde para dejarlo, el daño ya está hecho.

Nunca es tarde... Dejarlo es la mejor decisión que puedes tomar por tu salud a cualquier edad. Las investigaciones han demostrado que, tengas 18 u 80 años, y por mucho que lleves fumando, puedes disfrutar de beneficios, comienzan en cuanto lo dejas, el mejor momento es ahora.

  • Te sentirás más saludable pero también tendrás mejor aspecto y olerás mejor.
  • Mejorarás tu calidad de vida, tendrás más energía y estarás más activo.
  • Se reducirá el riesgo de enfermedades relacionadas con el tabaquismo y las complicaciones si tienes alguna, como las infecciones respiratorias, la tos, etc.
  • Cualquier medicación que tomes será más efectiva, háblalo con tu médico.
  • Ahorrarás.

Yo no fumo tabaco, sólo fumo porros.

Puede ser, pero depende de qué contienen esos porros. El cannabis (hachís, marihuana, aceite,...) muchas veces se mezcla con tabaco y, por lo tanto, se consumen dos drogas con distintos efectos y consecuencias, potenciándose la adicción a la nicotina junto con el tetrahidrocannabinol (componente del cannabis).

Además de la exposición a los conocidos riesgos del tabaco, también el consumo de cannabis, mezclado o sólo, implica importantes riesgos para la salud: genera tolerancia y cada vez es necesaria mayor dosis, afecta al aparato respiratorio (bronquitis, laringitis, asma), al balance hormonal y a la reproducción, también se asocia a trastornos psicológicos y psiquiátricos, etc.

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